Educar a los hijos

¡No me dejes mami!

Me encanta ver a los niños llegar a la escuela. Algunos todavía con carita adormilada, otros con el pelito restirado o paradito con gel. Niñas con un gran moño y otros todavía con el desayuno en la mano. Papás y niños carrereados tratando de llegar a tiempo, pero que no han olvidado venir platicando o cantando. Qué etapa tan linda.

La puerta de la escuela es un lugar interesante: uno niños entran como bólido, como si recordaran que tienen mucho qué hacer; otros en cambio, deciden que es momento de regresar a casa porque justo ahí es donde dejaron pendientes. Y entonces…empieza el drama.

Niñitos llorando que “trepan” a su mami para que los cargue, mamás con cara de angustia y maestras que suplican para que los niños entren prometiéndoles un día divertido. Esta imagen con sus variantes de patadas y caritas llorosas, se repite por varios días, mientras esta personita se adapta. Sin embargo, es una etapa muy dura para los papás porque sin duda provoca angustia dejar a tu chiquito llorando.

¿Por qué lloran los niños? ¿Tratan mal a mi hijo? ¿Está sufriendo de verdad? La escuela está diseñada para los niños: las actividades, los materiales, los espacios, están especialmente diseñados y expuestos para atraer su atención. Esto quiere decir que no sólo les parecerán atractivos e interesantes, sino también divertidos. Las maestras de preescolar son grandes actrices que mueven sus cuerpos y manejan su voz para ser impactantes y atraer la atención de los alumnos. La voz de la maestra canta, cuenta, muestra y conversa, y esas actividades atraen a los niños. La maestra baila, acompaña, abraza y juega. Y entonces por qué los niños no quieren quedarse en la escuela.

La respuesta es más que simple: ni la escuela más atractiva, ni la maestra más linda, pueden competir con mami y papi. Ningún lugar en el mundo es más atractivo que su propia casa, o en su caso, nada se compara a la casa de abuelita.

Claro que hablar sobre los tiburones es súper interesante, pero también hay cosas que descubrir en casa. A los niños les gusta alimentar al conejo o a la tortuga que tienen en el colegio, pero en casa está su perro. Entonces el punto es simple: su casa es muy divertida y estar con mamá es increíble.

Afortunadamente, sí hay unas actividades que podemos hacer para facilitar este proceso:

  • - Despierten al niño a tiempo. Carrerearlo y regañarlo para que se vista y desayune creará un ambiente desagradable para empezar la mañana, y es posible que el niño pueda asociarlo con ir a la escuela.
  • - Anúnciale cada mañana que irá a la escuela y hazlo con el tono que usas cuando le avisas que tendrá un día divertido. Ir a la escuela es un privilegio y la escuela tiene planeadas muchas actividades especialmente para él. Por eso es importante que él no lo vea como un lugar de abandono. Transmítele tu entusiasmo.
  • - Asegúrale que lo vas a recoger a la hora de salida, y procura hacerlo con puntualidad. No le prometas acciones que no vas a cumplir o que son ilógicas, por ejemplo: “Me voy a quedar afuera de la escuela, mientras estás en clase”.
  • - Si tiene un objeto transicional, pide a la escuela que te permitan llevarlo durante el periodo de adaptación: cojín, mantita, osito, etc.
  • - Invítalo a ir contigo a elegir y comprar su lunch, y que te ayude a prepararlo.
  • - Déjalo en la escuela de forma ágil y rápida, y cuida que tus expresiones no denoten angustia o tristeza, porque ése es el mensaje que va a leer tu hijo. Claro que sientes feo, es normal. También es un proceso para ti.
  • - Pide a la escuela que te informen sobre cómo fue la jornada y confía en que están haciendo lo posible porque esté feliz durante el día.
  • - No permitas que el niño falte a la escuela sólo porque no quiere ir. Si tienes dudas sobre su bienestar indaga con su maestra.
  • - Cuando lo recojas, muestra alegría. Pregúntale sobre su día y cuéntale lo que hiciste tú mientras regresan a casa, pero cuida de no interrogarlo. A los niños les gusta mantener su espacio.
  • - Ahora que es un niño que va a la escuela, lee con él todas las noches, y hazle saber que es un privilegio que ganó por ser grande.